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jueves, 19 de marzo de 2020

En El Aleph de Borges, el universo está adentro de nosotros. Por Sergio A. Flores


   



La primera vez que tuve la oportunidad de leer el cuento El Aleph, de Jorge Luis Borges, me pareció una suerte de relato sin sentido, aburrido y carente de logicidad. En esa primera lectura, y cuando a mitad del relato, apareció la palabra El Aleph, me imaginé de golpe que podía tratarse de un instrumento musical. Al final de la lectura, volví a intentarlo y el fracaso fue más evidente. Decidí dejarlo, pues Borges me desarmó en dos jugadas. Vencido, me quedé sin darme la oportunidad de un nuevo intento. Es de admitir que cuando sucedió esa derrota con uno de los grandes literatos latinoamericanos, fue mientras estudiaba tercer año de bachillerato, a finales de la década de los ochenta.

Con el tiempo y habiendo ganado madurez y experiencia en la lectura, decidí emprender nuevamente un encuentro con el enigmático cuento. Al leerlo con una intención más abierta y versátil, comprendí primeramente, que suceden situaciones extraordinarias, por lo que no debía considerarlo como una trama de relaciones humanas. Luego comprendí que su contenido se encuentra encriptado, en un lenguaje simbólico que guarda una verdad oculta.  Al identificar esos elementos, entendí que Borges, plantea su relato, como la invitación a un juego de ajedrez, en el cual él, mirando al lector fijamente a los ojos, hace su primera jugada, esperando que su adversario, demuestre su destreza para jugar y ganarle en su partida. 

Partiendo de lo anterior, haré mi propio esfuerzo, por dar una opinión sobre los elementos, que encontré en el cuento El Aleph. Es bueno aclarar que no pretendo que los argumentos, que diré a continuación sean considerados un entretejido intelectual de crítica hacia el producto del escritor, pues simplemente son la opinión de un lector.

Como lo dije anteriormente, el cuento se encuentra expresado en un lenguaje simbólico, por lo que las cosas que suceden en el desarrollo del mismo, no pueden considerarse literalmente. Partiendo de eso se entiende que el lenguaje simbólico del cuento El Aleph, es un conjunto de personas, objetos e imágenes que se desarrollan en una narración extraña, la cual a simple vista genera desorientación y carencia de lógica. Pues el objetivo es representar algo más del lenguaje simbólico, y cuya develación solo puede ser posible, mediante una interesante tarea de descubrimientos, utilizando en este caso, la herencia ancestral de la filosofía oriental.

El primer elemento simbólico, que devela una importante pista para la interpretación general del cuento, es su nombre. Aleph, es la primera de las 22 letras que conforman el alfabeto hebreo. Las cuales están asociadas al ser humano pues se les considera que tienen cuerpo, alma y espíritu. Según la enseñanza de la Kabbalah el Universo fue creado por diez expresiones de Dios, compuestas por las letras hebreas, que como bloques de construcción fueron las herramientas para establecer el orden de todo lo creado.

Aleph es el símbolo de la unidad, del principio, de la continuidad, de la estabilidad, de la equidad. Es el nexo entre los mundos superior e inferior, entre la tierra y el cielo, entre el mundo y el cosmos. Es la potencia de la energía primaria, el origen de todo, sin principio ni fin. La forma de la letra corresponde a una cabeza de buey con sus cuernos. Simboliza la fuerza pacífica y la calma, a imagen del instructor que traza progresivamente los surcos de saber, a semejanza de líneas en el espíritu de su discípulo para prepararlo al conocimiento.

La letra Aleph Se encuentra expresada claramente en el centro de los canales intersefiroticos que unen El árbol de la vida, el cual es uno de los símbolos cabalísticos más importantes del judaísmo. Está compuesto por 10 esferas (sefirot) y 22 senderos, cada uno de los cuales representa un estado (sefirá) que acerca a la comprensión de Dios y a la manera en que él creó el mundo. La Kabbalah desarrolló este concepto como un modelo realista que representa un mapa de la creación. Se le considera la cosmología de la Kabbalah.

Es bueno decir que el estudio de la Kabbalah, es extenso y no es el objetivo de esta opinión profundizar en ello, sin embargo, es en esa ancestral filosofía, donde se basa, gran parte de la interpretación simbólica del cuento. En ese sentido J.L.Borges era un amplio conocedor del tema, basta con escuchar la conferencia que ofreció sobre la Kabbalah entre junio y agosto de 1977.

Partiendo de lo anterior, se debe entender que el desarrollo de los acontecimientos y sus personajes en el cuento, son símbolos, que aluden a una verdad sustancial, inmersa en cada uno de nosotros. Desde esa perspectiva, el cuento sucede como una dramatización de la conciencia humana. Sobre ese aspecto es pertinente decir que las filosofías ocultistas de oriente, sostienen que el Ser Humano, manifiesta su pensamiento por medio de una mente dual. La dualidad es una condición natural en todo el universo (día-noche, negro-blanco, frío-caliente, mujer-hombre etcétera). En ese sentido, Jean Piaget (Epistemólogo, psicólogo y biólogo suizo, considerado el padre de la epistemología genética), manifiesta que la mente se expresa por medio de una mente concreta, la cual se describe como la que realiza los procesos básicos de pensamiento, que incluye observación, comparación, relación, clasificación, que son la base del análisis-síntesis; la mente concreta mantiene un continuo juzgamiento de su entorno y su atención esta dirigida a los acontecimientos externos. Por otra parte se manifiesta también por medio de una mente abstracta, esta se caracteriza por realizar procesos de reflexión consiente, accede a sus propias representaciones y las modifica; en la mente abstracta se encuentra la facultad de construir cánones, que abre camino a la intuición o razón pura, que es la facultad que le permite al hombre y a la mujer, ponerse en contacto con la mente universal.

Es necesario agregar que la mayoría de individuos, viven utilizando su cerebro concreto sin poner oídos a la guía infalible de su corazón, eso los conduce a convertirse en autómatas, actuando siempre hacia lo externo, lo cual produce  alegrías ficticias y una existencia cargada de experiencias desagradables.

Al abordar el cuento El Aleph, con un sentido de interpretación, se puede entender que los personajes son realmente condiciones de la mente. En el caso del personaje Carlos Argentino Daneri, se pone de manifiesto el ego de la personalidad fragmentada, que se manifiesta en la mente concreta. Este personaje, es egocéntrico, histriónico, por lo que no es capaz de reconocer los sentimientos de los demás, y siempre quiere ser, el centro de atención. Sus asociaciones mentales están relacionadas con la necesidad de ser considerado un erudito, que aspira a ser reconocido por su capacidad de conocer muchas cosas y dominar la expresión poética. Esas son características de la mente, que se encuentra enfocada en lo externo, en lo finito. Carlos Argentino Daneri, representa el lado de la mente que se entretiene en ilusiones, que a la postre generan sufrimientos.

Como contraparte dual a Carlos Argentino Danerí, se presenta Borges, este personaje, encarna a la mente abstracta; sus intervenciones mientras platica con Daneri, son lacónicas; la mayor parte del tiempo lo pasa escuchando, mientras mantiene una actitud de desdeñosa atención, hacia su verborrea. En sus adentros el personaje Borges, considera las ideas de Daneri, como ineptas y pomposas, y su poesía la califica de cacofónica y caótica. En un fragmento del cuento se puede leer “…La locura de Carlos Argentino me colmó de maligna felicidad; íntimamente, siempre nos habíamos detestado...”

La mente abstracta tiene la disposición de crear ideas originales y conexión con el mundo inmaterial, que potencia nuestra facultad creativa. Esto implica la capacidad de cambiar, a voluntad de una situación a otra, de descomponer el todo en partes y analizar de forma simultanea distintos aspectos de una misma realidad. La mente abstracta busca la belleza, en el silencio de la intuición, la cual se desarrolla por medio de disciplinarse y establecer un equilibrio de los estados mentales. En el relato, vemos que Borges, visita la casa de la calle Garay, en cada cumpleaños de Beatriz Elena Viterbo, quien es, un personaje que tiene un importante papel, en la integración simbólica del cuento, y del cual hablaré más adelante. En cada ocasión que visita la casa, siempre se presenta con módicas ofrendas de libros. Buscaba la manera de quedarse el máximo tiempo en la atmosfera de la casa, no para escuchar a Danerí, sino para sentir la presencia de Beatriz Viterbo, cuya fuerza de inspiración la vemos maximizada, en la conciencia del personaje Borges. Él visitaba la casa, para ser envuelto por la presencia de Beatriz, quien personifica una fuerza invisible que le da razones, para seguir existiendo.
 
Beatriz Elena Viterbo, es un personaje misterioso, no hay una historia previa, de la relación amorosa entre Borges y ella, y el escritor nos da la libertad, para poder imaginarnos posibles escenarios de su amorío. Sin embargo la manera en como se aborda a Beatriz Viterbo, podría decirse que es una recreación de la vida de Dante Alighieri (Florencia, c. 29 de mayo de 1265-Rávena, 14 de septiembre de 1321). Según la biografía de Dante, uno de los acontecimientos más importantes le sucede, cuando conoce a Beatriz, de quien se enamora perdidamente, ella era una mujer casada, y quien muere de una enfermedad desconocida, el impacto de su pérdida fue el motivo, para que Dante la exalte, como símbolo supremo de la gracia divina en su primera obra la Vita nova, y más tarde en su obra maestra, La Divina Comedia.



Si observamos en el cuento El Aleph, encontramos pistas que relacionan ambas historias. En primer lugar, el personaje Borges dice que Beatriz Viterbo, murió de una imperiosa agonía. No se menciona, la enfermedad que le provocó la muerte, tal como se expresa en la historia de Dante. En el cuento hay un fragmento, que dice: "...  De nuevo aguardaría en el crepúsculo de la abarrotada salita, de nuevo estudiaria las circunstancias de sus muchos retratos. Beatriz Viterbo, de perfil, en colores; Beatriz con antifaz en los carnavales de 1921; la primera comunión de Beatriz; el día de su boda con Roberto Alessandri; Beatriz poco después del divorcio, en un almuerzo del club Hipico; Beatriz en Quilmes con Delia San Marcos Porcel y Carlos Argentino; Beatriz, con el pekines que le regalo Villegas Haedo; Beatriz de frente y de tres cuartos, sonriendo la en le mentón...". Un elemento interesante en este fragmento es la información de que Beatriz Viterbo, fue una mujer casada. En este punto no sabremos, en que momento Borges y Beatriz Viterbo, iniciaron su romance, pues pudieron haber sido amantes, mientras ella estaba casada, tal como sucedió en la vida de Dante, según su biografía. Por otra parte, Dante y el personaje Borges, se enamoran apasionadamente de Beatriz.   

En este caso y siguiendo la corriente de interpretación simbólica que se encuentra encriptada en la obra La Divina Comedia, podemos decir que Beatriz Elena Viterbo, representa el alma que no muere, y nos estimula, al inevitable encuentro con nosotros mismos. Sobre este aspecto es bueno señalar, que en el cuerpo de doctrina de la Teosofía, el Alma, es considerada como el principio vital o soplo de vida, es también considerada el eslabón entre el Espíritu divino del Hombre y su personalidad inferior.
Desde esa perspectiva, y al integrar los tres elementos; mente concreta (Carlos Argentino Daneri), mente abstracta (Borges) y el Alma ( Beatriz Elena Viterbo), podemos llegar a la siguiente conclusión: Nuestro mundo interior tiene una fuerte influencia de los deseos de la personalidad, la cual es fácilmente seducida por los atractivos y halagos de la vida material, confundiéndonos en una maraña de controversias, pues cada uno se entretiene buscando multiplicar goces y ganancias materiales, que en definitiva son una ilusión generadas por la mente concreta. Pero en nuestro interior también se encuentran los estímulos que provienen de una voz balbuceante que nos incita a buscar en nuestro silencio interno, esa verdad, que está en nosotros y que nos libera de la ilusión del mundo; y que provienen de una inteligencia superior, eso es, a lo que podemos llamar mente abstracta. Por otra parte, esa necesidad de transformación se genera desde el alma, que clama y no es oída, pues estamos entretenidos con el palabrerío, y solo es escuchada por aquellos que han decidido el emprendimiento, hacia el estado de la liberación mediante el silencio y la contemplación.

 En el cuento, Daneri, lleva a Borges para que aprecie El Aleth, en esa escena se describe lo siguiente:
“…Carlos entró poco después. Habló con sequedad; comprendí que no era capaz de otro pensamiento que de la perdición del Aleph.
-Una copita del seudo coñac -ordenó- y te zampuzarás en el sótano. Ya sabes, el decúbito dorsal es indispensable. También lo son la oscuridad, la inmovilidad, cierta acomodación ocular. Te acuestas en el piso de baldosas y fijas los ojos en el decimonono escalón de la pertinente escalera. Me voy, bajo la trampa y te quedas solo. Algún roedor te mete miedo ¡fácil empresa! A los pocos minutos ves el Aleph. ¡El microcosmo de alquimistas y cabalistas, nuestro concreto amigo proverbial, el multum in parvo!
Ya en el comedor, agregó…
-Claro está que si no lo ves, tu incapacidad no invalida mi testimonio... Baja; muy en breve podrás entablar un diálogo con todas las imágenes de Beatriz…”

Este dialogo es interesante, pues Carlos Argentino Daneri, le indica qué debe hacer, para lograr el estado adecuado de atención y contemplación (La mente debe estar serena y dirigida al receptáculo de su corazón), para ver El Aleph; además le indica que debe fijar la vista en el decimonono escalón de la pertinente escalera. El decimonono es el número 19, si sumamos 1+9 =10. Diez, es el número de sefirot (esferas) que tiene el árbol de la vida de la Kabbalah, además el número 10, es la expresión de perfección del Ser Humano.
Esto es muy interesante, pues lo que hace el escritor J.L. Borges, en esta escena del cuento, es una dramatización de la escalera de Jacob. En Génesis 28:12, dice: Había una escalera que apoyada en la tierra, su cima llegaba al cielo, y por la que subían y bajaban los ángeles cabalísticos. El sueño de Jacob, es una experiencia mística, que se revela al hombre que ha comenzado a despertar del mundo de la ilusión. Esta escalera, es la escalera de su conciencia, que va desde lo más terreno (desde lo más concreto), hasta lo más alto y abstracto de su ser, y es la manera más antigua de denominar al árbol de la vida según la Kabbalah. Lo que el personaje Borges observa, al abrir los ojos, es una experiencia de iluminación, es un despertar, un darse cuenta, de la verdad imperecedera del infinito. Así como el Buda, solo puede iluminarse, el que ha recibido suficiente luz, desde el centro de su propia conciencia, para lograr un nivel superior de intuición reveladora. Esta Iluminación no la perciben los sujetos que se encuentran debajo de ese nivel de vibración consiente. 



Para finalizar esta opinión, vale decir que la experiencia que el personaje Borges tiene al abrir los ojos, y contemplar el Aleph, es muy parecida a lo que se encuentra en el capitulo 11, del libro sagrado El Bhagavag Gita, el cual se titula "Contemplación de la forma universal":

11:4. ¡Si piensas que soy digno de verla, oh Señor, muéstrame tu Esencia Eterna, oh Rey del Yoga!
El Señor Krishna dijo:
11:5. ¡Contempla, oh Partha, mi Forma, de cientos de caras, de mil aspectos, Divina, multicolor y multiforme!
11:6. ¡Contempla a los adityas, a los vasus, a los rudras, a los asvins y a los maruts! ¡Contempla los milagros innumerables, oh Bharata!
11:7. ¡Contempla en Mi Ser, oh Gudakesha, el universo entero —móvil e inmóvil— con todo lo que deseas ver!
11:8. ¡Sin embargo, en verdad, no puedes contemplarme con esos ojos! ¡Te doy los ojos Divinos! ¡Mira Mi Yoga Regio!
Sanjaya dijo:
11:9. ¡Habiendo dicho esto, el Gran Señor del Yoga manifestó a Arjuna Su Forma Universal,
11:10. con innumerables ojos y bocas, con infinidad de fenómenos milagrosos e incontables adornos y armas divinos,
11:11. ataviada con vestidos y collares divinos, cubierta de aceites aromáticos divinos, con rostros dirigidos hacia todas las direcciones, completamente maravillosa, ardiente e infinita!

No hay duda que J.L. Borges, es un genio del malabarismo filosófico. En este cuento demuestra su maestría. Gracias querido escritor por tu grandioso legado.



https://www.youtube.com/watch?v=FwK8_HAs4KQ&t=4s



jueves, 21 de noviembre de 2019

En La Casa de Asterión de Borges se integra la Sombra de Jung. Por Sergio A. Flores





Leer la literatura de Jorge Luis Borges, es introducirnos a un misterioso rompecabezas muy bien articulado; como lector no soy de la idea que sus relatos, sean composiciones simplemente fantásticas, o que necesiten de una enmarañada explicación intelectual para develar el sendero de sus claves. Borges era un entendido de la filosofía, en su obra se vislumbra una brillante capacidad interpretativa de los símbolos del ocultismo antiguo, en cuya enseñanza se pone al Ser Humano, en el centro para el entendimiento de la realidad.
Admito que no soy experto en la literatura de Borges, ni me interesa serlo, y mi opinión parte de las conclusiones de un simple lector, animado por uno de los grandes literatos latinoamericanos. En ese sentido quiero opinar sobre uno de sus cuentos titulado LA CASA DE ASTERIÓN, al leer el relato, observé algunos elementos de la literatura simbólica ocultista, que pone de manifiesto una relación lógica con el arquetipo de la Sombra de Carl Gustav Jung. Dicha relación la desarrollo con los siguientes argumentos.

Borges, hace una introspección en el Ser Humano, el Asterión (Minotauro), personifica su lado oscuro, metido en su complejo laberinto de condicionamientos, que se manifiestan de manera inconscientes en las fragmentaciones de la personalidad egocéntrica. C.G. Jung, reconoce a ese oscuro habitante como el arquetipo de la sombra.
“…Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales…” Borges.

La sombra o el minotauro representan   la parte inferior de la personalidad, la suma de todas las disposiciones psíquicas personales y colectivas que no son asumidas por la consciencia por su incompatibilidad con la personalidad que predomina en nuestra psique. Ya que La sombra representa nuestros impulsos más primitivos, nuestra faceta instintiva animal como sumatorio de todo nuestro pasado evolutivo.

“…Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta…” Borges.


En este fragmento podemos observar que el Asterión sostiene que no es un prisionero por tener libertad de salir a cualquier parte, sin embargo, lo admite por su conducta. Esto alude a las dificultades vitales encontradas generalmente en hombres y mujeres las cuales pueden deberse: a). O bien a una omisión o supresión de la sombra, imposibilidad que degenera en una revuelta de aquello que se pretende eliminar. b). O por el contrario, y desde el otro extremo, a una identificación con el arquetipo, con lo que el Yo queda a merced de la tempestad de lo inconsciente como el resquebrajado muro de una presa ante el desbordamiento del embalse que pretende vanamente contener.

“…Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme…” Borges.

En esta parte se observa la interioridad conflictiva y fragmentada de la personalidad. pues nuestra sombra (Minotauro) Representa todo aquello de nosotros mismos lo cual queremos que permanezca en secreto, porque es moralmente reprobable o porque es demasiado íntimo.

Hay otros elementos valiosos, para analizar en este aleccionador cuento. Pero creo que dejare ahí mi opinión sobre LA CASA DE ASTERIÓN. No sin antes opinar de su final, el cual culmina con la integración del lado oscuro nuestro, con nuestro lado luminoso.

 “…Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?

El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.
    - ¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió…” Borges.

El Asterión reconoce a su redentor como la necesaria salida a su oscuro encierro. Esto tiene que ver con el Periplo del héroe y su inevitable ascenso. Es bueno recordar que el tema del héroe y su periplo es una constante en la mitología y el ocultismo antiguo, y para mejor entender vale la pena leer el libro “El héroe de las mil caras” de Joseph John Campbell.  

Si no hay integración de la conciencia, la lucha de ambas fuerzas (la sombra y el Ego superior) se vuelve autodestructiva. Y solo un poder superior en nosotros mismos, puede completar la integración de la sombra al proceso de liberación.


La integración conlleva un acto de honradez, pues La primera vez que vemos claramente a la sombra nos quedamos espantados. Entonces algunos de nuestros sistemas de defensa egocéntricos pueden saltar en pedazos o disolverse por completo. El resultado puede ser una depresión temporal o un enturbiamiento de la conciencia. Jung equiparaba el proceso de integración -al que llamaba individuación- al proceso alquímico, uno de cuyos estadios, melanosis, implica el ennegrecimiento de todos los componentes alquímicos del crisol. Este estadio, considerado habitualmente por el ser humano como una especie de fracaso, resulta absolutamente esencial y representa, según Jung, el primer contacto con el inconsciente y, por consiguiente, con la sombra.

Según Jung, la confrontación de la conciencia con su sombra es una necesidad terapéutica y, en realidad, el primer requisito para cualquier método psicológico completo. Vale la pena pasar por este proceso de llegar a un acuerdo con "El Otro" que hay en nosotros, porque así logramos conocer aspectos de nuestra naturaleza que no aceptaríamos, que nadie nos mostrará, y que nosotros mismos jamás admitiríamos.

Finalmente enfrentarse a la sombra contempla trabajar e integrar ambos lados: aquellas cualidades y actividades de las cuales uno no se enorgullece, y nuevas posibilidades que uno nunca supo que estaban ahí. Cuando las personas aprenden a reconocer su sombra y a vivirla un poco más se vuelven más accesibles, naturales, y humanas, nos integra al grupo y dejamos de estar sobre el grupo para ser humanos entre humanos en una relación natural. Las personas sin sombra demasiado perfectas provocan una sensación de inferioridad en el ambiente que irrita a los demás. En el sentido de aceptar y apreciar nuestros propios errores la sombra es nuestra mejor función social
Uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz sino haciendo consciente la oscuridad… lo que no se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino. C.G JUNG



LA CASA DE ASTERIÓN

 Por Jorge Luis Borges
Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión.
Apolodoro: Biblioteca, III,I

Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito)[1] están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aqui ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la Tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el Sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo; aunque mi modestia lo quiera.
El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro porque las noches y los días son largos.
Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos). Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya veras cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.
No sólo he imaginado esos juegos; también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce (son infinitos) los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce (son infinitos) los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado Sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el Sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.
Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que, alguna vez llegaría mi redentor. Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?
El Sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.
-¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.



A Marta Mosquera Eastman






[1] El original dice catorce, pero sobran motivos para inferir que, en boca de Asterión, ese adjetivo numeral vale por infinitos.



El escritor Sergio Alfredo Flores, presentara su nueva novela Encuentren a Carlota.

  Sergio Flores  Escritor.   "En un importante museo de la ciudad de Montevideo se ejecuta el robo de una valiosa pintura. La policía i...